Darse cuenta

¿De qué me he dado cuenta?

De que el miedo, es la principal limitación que tenemos para ser y hacer lo que queremos.

Me he dado cuenta de que se cómo me quiero ver, lo que quiero hacer, lo que quiero lograr… Siempre lo supe en realidad… y lo confirmo cada vez que he intentado comenzar un cambio y he realizado el ejercicio de visualizar y escribir lo que pienso y siento, con los mismos resultados una y otra vez (ya hablaremos de esto…).

¿Pero saben qué? todo eso que visualizo, pienso y escribo, queda en un cuaderno y en buenas intenciones para el año siguiente. Es difícil poner en práctica las buenas intenciones y todas las ideas maravillosas que se nos pueden ocurrir en momentos de crisis o de iluminación, ¿no?

Ahora, me he dado cuenta de que más allá de tener un gran equipo en mi familia, con proyectos y realidades, compartiendo valores, profesión y trabajo, necesito hacer cosas por mí misma, pasar a la acción sin temor a estar equivocada, sin temor al qué dirán, sin temor a crecer o a descubrirme. Y sabiendo que además de un complemento, puedo ser una pieza principal.

Me he dado cuenta de que mi enojo o mal humor generalmente es fruto de una gran contradicción interna entre querer hacer algo y no hacerlo, de la sensación de tiempo perdido o mal utilizado, de tener que hacer cosas que en realidad no comparto, y de no tener el coraje, la decisión y la valentía de tomar decisiones. También, de no tener la disciplina o la convicción para sostener lo que muchas veces llegué a comenzar.

Me he dado cuenta de que cuando hago lo que quiero, cuando supero un obstáculo, cuando trabajo en lo que me gusta y a mi modo, y cuando me siento segura de lo que estoy haciendo… el esfuerzo y el cansancio no se sienten. Valen la pena.

He reconocido de una vez, que muchas cosas en mí por las cuales me sentía mal, en realidad son aspectos que me pueden hacer diferente, pero no menos que nadie, como a veces me siento.

Es cierto: soy desorganizada, explosiva, muy dependiente de lo que piensan, sienten y necesitan los demás, atenta a las normas, indecisa, siempre en el gris (ni blanco ni negro) y poco diplomática: digo y hago lo que siento. Meto la pata muchas veces, escucho demasiado a veces, hablo demasiado otras veces… y también me callo cuando tendría que hablar.

Pero todo eso que cuando estoy en mi polo negativo son debilidades por las cuales me siento mal, insegura y desvalorizada, cambian cuando las asumo desde el lado positivo y logro hacerlas trabajar a mi favor, como fortalezas: soy creativa, innovadora, espontánea, equilibrada, busco la justicia, no me polarizo, y me muestro auténtica, tal como soy.

DARSE CUENTA implica valorarse, apreciarse, asumir lo que uno es y en lo que es bueno. Reconocer fortalezas y debilidades, y apoyarse en las primeras para desarrollarse, en lugar de simplemente sentirse limitado por las segundas.

También, DARSE CUENTA de verdad, implica compromiso para cambiar lo que queramos cambiar.

Podemos darnos cuenta de muchas cosas, mil veces, y mantenernos en los “sí, pero…” o en la quejitis crónica. Es nuestra decisión.

Pasá a la acción! lo más difícil es el primer paso 😉

 

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