El valor y el precio de descubrirte

Cuando vas desarrollando tu vida con libertad y claridad desde un comienzo, el precio puede ser bajo, comparado con el valor que tiene vivir de acuerdo a quien sos, a tu esencia y a tu proyecto.

Sin embargo, cuando desarrollás toda una vida desde un personaje, cumpliendo funciones socialmente valoradas siendo madre, esposa, hija, vecina… sin saber quién sos vos en realidad entre tanta gente… podrías estar pagando un precio alto, que no necesariamente se paga con dinero.

Estar siempre dispuesta a satisfacer expectativas ajenas, si no te has puesto vos en un lugar importante, puede costarte salud, bienestar, relaciones, sueños, proyectos sin llevar a cabo.

Muchas, vivimos gran parte de nuestra vida desde nuestro personaje y no desde quienes somos, porque simplemente estamos adaptadas a un guión, y cumpliendo con expectativas ajenas (o mejor dicho, lo que nosotras asumimos como expectativas ajenas).

Uno de los guiones más comunes que he ido encontrando, es el de mujeres que están acostumbradas a priorizar a los demás, o a hacer lo que los demás esperan que hagan, como parte también del rol de la mujer en nuestra sociedad.

Si bien esto está cambiando, y las mujeres estamos ganando otros lugares y derechos, no podemos olvidar que lo más difícil de cambiar ES NUESTRA CABEZA.

Por lo tanto, por más que yo diga “mujer mujer libérate”… tal vez ni yo me lo creo, porque mi cerebro no está formateado para ser taaaaan libre. ¿Se entiende?

Y no olvidemos que tampoco estamos aisladas: hay otras personas importantes para nosotras, con su propia cabeza difícil de cambiar.

Imaginate una mujer joven, que quiere ser independiente aunque nunca tuvo un modelo en su familia… y tiene una pareja que en lo más profundo aspira a que la mujer sea “la madre de sus hijos” full time, mientras él “se sacrifica” trabajando.

Probablemente no le resulte tan sencillo lograr su independencia: Primero, porque no tiene un modelo incorporado, tal vez no tenga permisos internos para ser autónoma (culpa) y tal vez su pareja manifiesta apoyarla pero entre ambos se mantienen conductas propias de lo que tienen aprendido.

Es por eso que me parece importante empezar a pensar en muchos factores que han colaborado para que (sea cual sea tu edad) actúes, pienses y sientas de determinada forma… con las consecuencias que eso tiene en vos, en tu día a día y en todos tus roles.

Así como puede resultar difícil lograr la independencia y manejarte sin depender de otros… también puede serlo jugar a salvar el mundo, evitar molestar y no expresar tus emociones o necesidades…

Las “salvadoras del mundo” pueden pasar a ser víctimas o las malas de la película en un abrir y cerrar de ojos. Las “independientes y rebeldes” podrían terminar también volviendo al refugio familiar… en el mismo lapso.

¿Por qué pasa esto?

Porque cuando estás actuando desde un personaje, desde el rol asumido dentro del guión familiar… y no estás siendo auténtica… el vuelo será corto. Simplemente, no será tu vuelo (o lo pasarás como en un avión en zona de turbulencias: mal).

Es necesario saber que se puede pagar UN PRECIO más o menos alto por el cambio que implica empezar a actuar, a sentir y a pensar diferente… CUANDO HAS VIVIDO SIEMPRE PARA LOS DEMÁS SIN TENERTE EN CUENTA A VOS:

– porque los demás estarán acostumbrados a ello… y pueden venir reclamos cuando quieras cambiar.

– porque por el contrario, podés encontrar que sólo conocías cómo actuaba tu personaje, y podrías perder relaciones, afectos, salud… cuando sea necesario que actúes de otra manera (y no tengas permiso para hacerlo)

– porque vos podés sentirte vacía cuando te encuentres contigo misma y/o con tu pareja, al quedar sola o solos (porque no te conocés)

Habrá ganancias y pérdidas, si realmente hay cambios que hacer. Sin embargo (y aunque parezca contradictorio) El VALOR de descubrirse, no tiene precio.

Por lo tanto, cuanto antes empieces a prestarte más atención y te des cuenta de lo que necesitarías o quisieras cambiar, es probable que el precio que tengas que pagar sea menor (menos tiempo actuando como alguien que no sos, menos personas para reclamarte, menos tiempo perdido en cosas que preferirías dejar…).

No esperes al “momento perfecto” sin hacer nada. El momento perfecto es el tuyo, cuando te das cuenta de que “hay algo que no te convence” en tu vida.

¿En qué momento estás vos?

Espero que me cuentes, aquí en los comentarios o por privado. Me encanta leer sus mensajes y poder responderles 😉

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Lorena

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