¿Por qué falla un matrimonio?

Las crisis pueden darse cuando cambian las necesidades…. y las respuestas son las mismas. Cuando los recursos que funcionaban al comienzo ya no son suficientes, cuando nos atrapa la rutina y damos por descontado que “el otro sabe que lo quiero”, y cuando pensamos que ya está todo el trabajo hecho… y el amor es para siempre.

Otras veces, también está el viejo y querido MIEDO: miedo al compromiso, a perder libertad, a perder al ser querido (por ejemplo al tener hijos y “perder” a la pareja exclusiva), miedo inclusive a ser independiente cuando la pareja se fundó como una simbiosis. A veces uno quiere libertad en el mismo momento que otro quiere aumentar el compromiso (uno quiere casarse/otro quiere salir más con sus amigos).

Además, cuando profundizamos la convivencia y afianzamos el vínculo, vemos otra parte de la realidad: el otro amanece despeinado, con mal aliento, no está siempre arreglado y perfumado (como cuando éramos novios). Es posible que se moleste con más frecuencia, o nos diga que no le gusta nuestra comida (la misma que le preparábamos cuando éramos novios!). Posiblemente ya no sea tan cariñoso, ni tan romántico, ni esté pendiente de nosotras como al principio…

Algunas parejas asumirán que “el matrimonio es así” y continuarán sin problemas. Otras, seguirán esperando lo mismo de una persona y un vínculo que va cambiando naturalmente, porque es parte del desarrollo de cada uno y de la pareja. (Acordate que cada uno necesita desarrollarse como persona, para estar bien con otro y formar un “nosotros”).

Mientras algunas harán algo para solucionar esto entre ellos, a través de diálogo y comprensión (afrontando los conflictos), otras lo ignorarán o buscarán “soluciones” afuera (evitando los conflictos) y otras simplemente pasarán mucho tiempo peleando (o peleados y sin comunicarse).

Tal vez muchas de esas parejas que evitan conflictos, aceptan las “soluciones” o ni siquiera quieren (o pueden) ver lo que realmente está pasando. Tal vez es la manera que ambos eligen para sostener su matrimonio.

Pelear, a veces, también se puede vivir como una manera de intentar solucionar los problemas. Se puede confundir la discusión permanente con un intento de solución, mientras cada uno simplemente está defendiendo su posición sin escuchar al otro y sin un auténtico interés por resolver un conflicto. La escalada en las discusiones puede ser, además, peligrosa, cada vez más inútil y contraproducente.

La autoestima y las expectativas de cada uno son aspectos fundamentales en una pareja

Si uno de los miembros tiene baja autoestima y se valora poco, es más probable que tolere lo que sea necesario para tener al lado a quien “le da valor”: porque no se cree con derecho ni posibilidades de ser valioso por sí mismo, o de encontrar a alguien más que lo/a quiera. Es más probable también que al no valorarse, exija más a la otra persona, hasta que ésta se sienta recargada y entren en una situación que puede hacerse insostenible.

Una persona que no se valora puede ser demandante, dependiente, y entrar en juegos que puedan desgastar el vínculo. Ahí tenemos un aspecto y responsabilidad personal que hay que reconocer e intentar superar, y que escapa a la pareja.

Por el contrario, alguien con muy alta autoestima, que se sobrevalora, podría ser demasiado autónomo, no considerar al otro y creer que los demás deben satisfacer sus deseos. Otro aspecto personal, que escapa a la pareja pero la puede afectar por los comportamientos que implica.

¿Dónde queda el Tú, Yo y Nosotros ante estas realidades?

Cuando hablamos de expectativas, tiene que ver con lo que cada uno trae y deposita en la pareja: con las creencias y modelos incorporados de lo que “debe ser” un matrimonio, los roles de cada uno, las funciones, los “derechos y deberes”.

Si no se comparten, discuten y negocian esos modelos para armar una buena arquitectura que sostenga una relación a largo plazo… es más probable que se piense en la separación cuando el amor y la atracción mutua ya no sean suficientes.

Entonces ¿cuándo falla un matrimonio?

Podríamos resumirlo así: si no estimulan y apoyan mutuamente el desarrollo de cada uno; no hay una comunicación sana y abierta; no cooperan entre ellos y cada uno NO asume su responsabilidad en lo que sucede… la pareja se irá alejando física y afectivamente, hasta poder desconocerse entre sí y dar todo por perdido.

Por el contrario, si hay cooperación, estímulo mutuo, una buena comunicación, apoyo, libertad y responsabilidad por las propias conductas… la pareja se acercará y madurará.

En fin, no hablamos de no tener conflictos, porque siempre los habrá y serán parte del desarrollo y la negociación que consideramos necesarios. Se trata de buscar la mejor manera de afrontarlos para crecer a partir de ellos.

Tampoco hablamos de defender lo indefendible, cuando se ha hecho lo imposible por salvar un matrimonio.

Pero sí te invito a que hoy pienses en tu pareja, en cómo afrontan los conflictos, en su comunicación, en cómo se siente cada uno, qué da y qué recibe del otro.

¿Se escuchan… o sólo discuten? ¿Han intentado cosas nuevas? ¿Han intentado acercarse realmente? ¿Se hace cargo cada uno de su responsabilidad? ¿Se han tomado un tiempo de pareja para reencontrarse?

Hay mucho por hacer antes de una solución drástica, porque así como el amor sólo no alcanza, hay muchas habilidades que se pueden desarrollar para fortalecer una relación.

A veces uno (o el otro) sólo necesita reconocimiento, una muestra de cariño, más atención, comprensión, apoyo en sus proyectos. No minimices el valor de un abrazo a tiempo, un beso cuando llegás de trabajar, un “te quiero” porque sí, un mensaje de cariño… y no minimices el impacto negativo que puede tener en una pareja la ausencia de estos gestos a lo largo del tiempo.

Recordá: a veces pequeños cambios pueden traer grandes cambios.

Puedo pecar de optimista, alguna tal vez piensa “qué ilusa”… pero estoy segura que hay otras parejas que solamente necesitan parar, tomarse un tiempo para ambos, reencontrarse y recuperar la magia entre la vorágine del día a día, de los años y de la familia.

Apuesto por esas parejas que se merecen esta oportunidad de pensarse desde otro lugar, buscando ayuda si es necesario.

Apuesto porque vos, que estás leyendo esto, puedas sentirte tan optimista como yo y buscar alternativas.

Lorena

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