Sobre crisis y cumpleaños

Muchas veces cumplir años implica algún tipo de crisis. Hacernos preguntas, replantearnos cosas, hacer un balance (las más conocidas son las crisis de los 20, los 30, los 40 y los 50… ;)). En “otras edades”, tal vez con menos impacto, los días de cumpleaños son como mojones en los cuales dar una mirada a ver cómo viene tu vida.

Personalmente, no tuve crisis de los 20, porque estaba estudiando y “haciendo lo que se esperaba en esa etapa”.

A los 30 tenía mí título, estaba trabajando, casada, y tenía mi primer hijo (muchos de los motivos a los que se atribuye “la crisis de los 30”).

A los 40 (crisis famosa si las hay…) me sentía plena, feliz y agradecida. Lo celebré con quienes habían marcado (o simbolizaban) alguna etapa importante en mi vida. Tenía ganas de celebrar por lo logrado y por los sueños cumplidos.

Ahora, a punto de cumplir 45… estoy por inventar una nueva crisis que no está en los libros, porque la próxima sería a los 50! Más allá del cumpleaños, a veces hay otras circunstancias que te llevan a repensar, cuyo impacto es mayor cuando se suma a tu edad… y la sensación de “¿qué he hecho…?” se amplifica.

No sé si te ha sucedido que así como en algunos momentos al mirar tu presente, tu pasado y tu futuro predomina lo lindo, lo positivo, lo logrado, el camino sin piedras y los proyectos (y no hay crisis)… en otros resulta difícil encontrar el mismo panorama, y al mirar parece que estuvieran iluminadas las fallas, los errores cometidos, lo no hecho, y aunque lo lindo y bueno siga ahí, no luce. Todo se siente como “tiempo perdido”, y ahí sí que hay una crisis!.

En estos últimos momentos, en los críticos, tenemos dos opciones:

  • nos quedamos lamentándonos y sintiendo lástima por nosotros mismos, convenciéndonos de que “somos un desastre”, “no hacemos nada bien”, “todo nos sale mal”, mientras nos enojamos “con el otro”, y depositamos las responsabilidades afuera, culpando al mundo insensible o a las circunstancias… o a la vida.
  • o tal vez luego de sentir la rabia, tristeza, miedo, y pensar todo lo anterior, podemos mirar objetivamente la situación, sin castigarnos y con la intención de rescatar lo mejor posible de ahí. No es una tarea fácil. Es más fácil quedarnos con el consuelo ajeno, con la lástima, con la culpa a los demás, mientras seguimos por la vida haciendo lo mismo, convencidos de que estamos bien y no hay nada que cambiar… Inclusive, es más fácil castigarnos aceptando sin filtro lo que los demás piensen sobre nosotros, o haciéndonos cargo de las expectativas y decisiones ajenas, asumiendo como cierta y merecida la perspectiva negativa.

Es importante tener presente además, que las decisiones que tomamos son lo mejor que podemos hacer en cada momento… al menos con los recursos disponibles, y con lo que consideramos como la mejor opción. (Con el diario del lunes todo es más fácil).

De los errores seguro aprendemos más que de los aciertos, si nos animamos a evaluarlos objetivamente para que no quede en una frase hecha.

Pero acá entre nosotras/os:

Qué lindo sería que los demás nos dijeran más cuando estamos bien, y que no sean tan duros cuando nos equivocamos, ¿no?

Qué lindo sería que más allá de los errores o los aspectos a mejorar, los demás pudieran reconocer también los aspectos positivos, que siempre están.

Qué lindo sería que las críticas fueran constructivas y no con el ánimo de atacar al otro.

Qué lindo sería que las cosas puedan resolverse a tiempo y con la mejor disposición de cada lado, sin predeterminaciones de una de las partes…

Pero mientras esto sucede, y todos aprendemos de los errores propios y ajenos, te invito a que aproveches esos “momentos” en los que todo se ve negro, o al menos gris 😉 para crecer, para mejorar, para pensar y para seguir siendo cada vez mejor. Para convertir en positivo todo aquello que de pronto recibiste en forma negativa… o te cayó con el impacto de un balde de agua fría.

Lo más saludable, lógico y apropiado, aunque no sea lo más fácil, es lograr aceptar la mirada de los demás, y tomarla como diferentes PUNTOS DE VISTA, intentando ver las cosas desde la perspectiva de cada uno, con la distancia óptima.

Aprovechar estos momentos “duros” como oportunidades de aprendizaje, de crecimiento. Como oportunidades para dar un próximo paso más preciso, más certero, con mayor claridad sobre los puntos fuertes y débiles de cada uno, con el filtro necesario para no asumir todo como verdadero y con la humildad necesaria para aceptar lo que sí puede ser… aunque no sea lo esperado.

En fin…

Es en una de estas circunstancias disparadoras, en pleno proceso de aprendizaje y de procesamiento de lo negativo a positivo, que llegó el primer año de Eureka el 6 de agosto, pasando completamente desapercibido, y sin ánimo de festejar. No por Eureka en sí, sino por la persona que lo lleva adelante: yo.

Esta semana que debería ser de celebración, ha coincidido con mucho trabajo y acontecimientos que han derivado en esta necesidad de detenerme a pensar qué tan bueno es pensar y buscar alternativas, qué es lo que es adecuado, cuándo y cómo, a prestarme más atención y a evaluar objetivamente. Ha sido una semana de quiebre, de aprendizaje, y de aprender a afrontar las situaciones de otra forma, desde el inicio.

Cuando realmente queremos hacer cambios y mejorar algunos aspectos de los que tenemos más incorporados o son parte integral de nosotros, requeriremos tiempo, atención, esfuerzo y autocontrol para no actuar “como siempre lo hemos hecho”… y por qué no: superar las emociones negativas que genera una crítica, una queja o algo que no sale de acuerdo a nuestras expectativas.

Lo que puedo decir hoy respecto a este año cumplido, es GRACIAS a quienes siguen el blog, a quienes lo leen porque de alguna manera comparten, o disfrutan, o al menos tienen curiosidad e interés para tomarse unos minutos aquí.

Si vos sos de esas personas que valoran Eureka, mi misión está cumplida:

FELIZ CUMPLEAÑOS EUREKIANAS!!

Si no lo sos, o no te gusta, al menos simplemente no leerás más, y a mí no me afectará tu opinión ni me llevará a cambiar mi manera de expresarme aquí, en el propio blog. Aquí es donde puedo ser yo, simplemente con la intención de escribir como me gusta e intentar despertar alguna semillita en alguien, o acompañar, o motivar para pensar las cosas de otra manera, y por uno mismo. Este es mi lugar protegido, y el de las Eurekianas (sin dejar de lado a algún Eurekiano que seguro también hay!).

Porque una de las cosas que estoy aprendiendo (en el verdadero sentido, saberlo lo sabía) es que no siempre ni en todos los ámbitos es posible “ser uno mismo”: hay que estar en el momento, en el lugar y con las personas adecuadas para que tus expectativas se vean colmadas.

Y para terminar les cuento: ¿saben cuál es otra de las cosas que estoy aprendiendo? que todas las personas son adecuadas para mostrarnos lo que debemos aprender, aunque no sean las que nos ayuden a cumplir nuestras expectativas. Es cuestión de estar atentos y receptivos, para no seguir cometiendo los mismos errores.

La historia, cómo y por qué surgió este blog, lo encontrarás en “Descubrirme”, mientras te invito a que lo recorras y sigas Eureka si te gusta lo que encontrás. Es una caricia al alma 😉

Ya volverá el ánimo y otra oportunidad para celebrar aquí, en nuestro rincón de la web! Escucho (o leo, mejor) tus comentarios sobre este primer año de Eureka. Gracias por estar ahí.

Lorena

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