Cosas de Ser Madre… Real

El Día de la Madre todos los años me hace pensar. Pensar como madre y como hija. Y confieso que me genera una revolución.

Estos días previos, los mensajes prevalentes son “tenés que comprar…” y “tenés que estar feliz y cariñosa todo el día”… además de que tus hijos siempre te van a adorar e idolatrar y darte muchos besos y abrazos…

Hermosas imágenes y mensajes, por cierto, que reflejan la realidad de la relación madre-hijo en sus mejores momentos, y seguramente en la mayoría de los momentos (mientras nuestros hijos nos permiten).

¿Por qué mi revolución?

Porque yo muchas veces no soy así, ni como madre ni como hija, y es cuando me detengo a pensar en qué estoy haciendo y qué debo mejorar. También cuando más sensible estoy a lo que es “ser mamá”, y que va más allá de lo idealizado de la relación y del cuento color de rosa.

Mi madre siempre estaba disponible para nosotros (y sigue estando aunque seamos grandes), nunca me respondió mal porque estuviera cansada, ni la he visto quejarse por tener que cocinar. Mi madre nació para ser mamá y fue criada para cuidar a otros y cuidar menos de sí misma.

Por eso,  aunque es mi mejor ejemplo como madre y el pilar de mi familia, no la idolatro sin filtro. Intento que se de cuenta de que ser mamá, esposa o ayudar a otros no tiene que significar postergarse, ni dejar de ser una misma. Por eso lucho para que disfrute, para que haga lo que no ha hecho por dedicarse a su familia, para que piense en ella más que en sus hijos y nietos.

Sí, porque cuando está el “nido vacío”, las mamás (y papás también) necesitan cultivar otros intereses, otras relaciones, hacer otras cosas… principalmente si han vivido su vida para ser mamás y estar pendientes de los demás.

Yo en cambio, a veces no estoy disponible para mis hijos porque tengo otros asuntos que atender, a veces les respondo mal cuando estoy cansada y escucho la misma pregunta mil veces, me quejo muy seguido por tener que cocinar… y por momentos me siento la peor madre del mundo.

Sí, lo hago, y no estoy orgullosa de eso. Me doy cuenta y pido perdón cuando tengo que hacerlo, porque la mayoría de las veces me enojo conmigo misma: porque se me hizo tarde, porque no terminé una tarea del trabajo, o porque no tengo claro qué hacer de cenar… y se me cruzan los cables cuando me siento desbordada.

¿Qué hacemos con estas dos caras de la moneda?

Yo lo resumiría en “pongamos las cosas en su sitio”.

Hay una vida real detrás de cada mamá. Hay aprendizajes, hay una historia, cuentas pendientes, un presente por atender y metas por alcanzar. Hay cansancio, tristeza, problemas que resolver, expectativas. Hay recursos personales, fortalezas y debilidades en cada una.

Lo importante es que SIEMPRE HAY UNA BUENA INTENCIÓN (la mejor), aunque no siempre podamos dar las respuestas más adecuadas.

Tal vez sólo necesitemos detenernos a pensar cuáles son las respuestas adecuadas, y qué tenemos que hacer para no sentirnos desbordadas en nuestro rol de mamá.

Ser una buena mamá no es hacer todo por ellos. Ser una buena mamá no es ser perfecta, ni postergarnos, ni estar siempre felices como en las publicidades o los videos del día de la madre.

Nuestros hijos nos necesitan, pero también necesitan que los dejemos tomar decisiones por sí mismos, que les enseñemos a manejarse sin nosotras.

Nuestros hijos necesitan que estemos bien, pero también necesitan que nos mostremos tal cual somos, para aprender juntos. Si los escuchamos, pueden ser nuestros grandes maestros.

Disfrutemos de estos “homenajes” (y promociones) de mayo, de ser madres con todas las letras, de estar para cuidar a nuestros hijos, para acompañarlos a crecer, pero sin sobreprotección, sin culpas, y cambiando lo que sea necesario cambiar.

La otra cara de “ser mamá” y de “ser hij@”. La cara de todos los días:

  • Una Mamá no siempre está contenta, feliz y amorosa. Mamá a veces se enoja, o está triste, y tiene otros asuntos que resolver.
  • Una Mamá no siempre es la mamá que un hij@ quisiera tener, ni es la que ves en la tele. Mamá es una mujer real, con aciertos y errores.
  • Una Mamá no siempre es tan buena como las mamás de los amigos. Hay edades en las que para los hijos, cualquiera es mejor que la mamá que les tocó en suerte.
  • Una Mamá será juzgada, rechazada, cuestionada por lo que hace o no hace en algunas etapas… pero ya pasarán.
  • Una Mamá es el punto débil de la casa, muchas veces, por ser el amor más incondicional que un hijo sabe que tiene. Si quiere o necesita “pelear” con alguien, mamá se convierte en el punto preferido.
  • Un hijo no siempre es cariñoso con su mamá. Hay momentos en los que necesita marcar distancia con ella (y no porque no la quiera).
  • Un hijo no estará siempre pendiente de su mamá: también tiene otros asuntos que resolver, según la etapa en la que esté (y no porque no la quiera).
  • Un hijo no siempre es el que su mamá tiene idealizado. Es una persona también con aciertos y errores (o lo que mamá cree que son errores).
  • Un hijo sabe que el amor de su mamá es incondicional, toda su vida, y esto a veces lo puede llevar a mantener distancia, simplemente porque sí. Porque mamá siempre está.

Somos mamás, pero antes que nada somos “mujeres reales”.

FELIZ DÍA DE LAS MADRES… TODOS LOS DÍAS!

Lorena

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