El ramo de novia que no llegó

Estamos en el mes del amor, las flores, San Valentín, y mi celebración de 17 años de matrimonio en esta semana.

Hoy pensaba hablar de las dos caras de la moneda que puede tener un día tan especial, y sigue hablando mi corazón…

Porque para mí estos son días de emociones, de recuerdos, de pensar en el pasado y en el futuro. Son días donde indefectiblemente recuerdo a mi amiga de la adolescencia, a quien despedimos en la mañana del 16 de febrero, hace 17 años… el día que me casaba por Iglesia.

Pensaba contarles cómo ella luchó por su amor, se casó en mayo, y al mes le diagnosticaron leucemia… cómo sobrellevó la enfermedad acompañada por su familia, cómo armó en su primera y única casa con su esposo, su primer y único árbol de Navidad… el más lindo que he visto!. Cómo disfrutó cada momento que salía del Sanatorio, cómo pasamos esa Navidad en la Plaza Rivera, con su familia, frente a su ventana… y cómo por suerte, ella y yo, superamos cierta distancia en esa etapa…

Porque a veces uno no sabe cómo actuar en situaciones así, y de pronto las decisiones que tomamos afuera de la habitación, a ella le afectaron mientras estaba adentro… porque nos necesitaba a todos más de lo que pensamos. Qué bueno haber podido hablarlo! qué bueno haber podido pasar una tarde entera juntas, en su sala, más allá de lo que pudiera pasar entre los que estábamos afuera.

ramoElla estaba mejor, teníamos proyectos, iba a ir a mi casamiento… ya sabía qué se pondría, y yo ya sabía que mi ramo de novia sería para Laura. Estaba todo bien.

La internaron unos días antes… entonces tenía planeado ir de la Iglesia al Sanatorio a llevarle el ramo, porque era para ella. Pero no fue posible.

En la mañana de mi casamiento, durante su velatorio, su madre me consolaba a mí diciéndome “disfrutá, ella estaba feliz, iba a ir a tu casamiento…”. Cuando salí de la Iglesia, en la noche, estaban su esposo y sus hermanos allí, expresamente para saludarme. Un gesto que valió oro para mí… y que atesoro.

Mi familia, los amigos de ambas, estábamos todos con sentimientos encontrados, algunos con kilómetros de ida y de vuelta para una despedida y para una fiesta… que tiñeron la noche sin dudas… especialmente por momentos. Al otro día, como el ramo era para ella… fui al cementerio a llevárselo. Lo que nunca hubiera querido…

Laura no pudo ir a mi casamiento, pero es la persona que más recuerdo en estos días, y todos los días. Es quien no se merecía recibir el ramo así, pero quien lo merecía más que nadie.

Y aquí mi pequeño homenaje, en nombre del amor y de la amistad. Y como una amiga que hubiera querido estar más presente pero le ganó la cobardía en ese momento para pedir “un lugarcito” en el cuidado diario.

 

 

 

 

 

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