Expectativas y compromiso personal

Muchas veces, somos víctimas de nuestras expectativas.

¿Por qué víctimas? Porque muchas veces, nuestros pensamientos van más rápido que nuestras acciones. Nuestra mente idealiza, imagina, crea una película en la cual todo es color de rosa, todo sale bien, y hay héroes y heroínas… y todo lo que queramos creer que hay. Eso es lo lindo de nuestra mente: nos permite generar “el mundo ideal”, y disfrutarlo mientras lo hacemos.

Por eso los “gurús” del éxito nos dicen, aunque sea desde distintos puntos de vista: “imaginá, poné en pantalla lo que querés, visualizalo; creelo y ponete en acción”.

Mmmm… creo que aquí encontramos el problema. “Creelo y ponete en acción”. Principalmente, en “ponete en acción”. Imaginar, ponerlo en pantalla, ver esa realidad en nuestros colores nítidos es fácil… pero del dicho al hecho… hay un gran trecho ¿no?

A veces, probablemente ni siquiera llegamos a creer en lo que imaginamos, lo dejamos en el nivel de la fantasía, de los sueños, de lo que nos gustaría, pero sin grandes expectativas, sin una verdadera intención de hacer esos sueños realidad. Porque creemos que será muy difícil, porque no nacimos para eso, porque es totalmente absurdo… y un largo etcétera.

Otras veces, nos parecen expectativas muy altas, pero que al fin logramos cumplir y se sienten como “hacer los sueños realidad”, como algo extra-ordinario.

Sin embargo, muchas otras veces llegamos al punto de creerlo, de convencernos de que las cosas PUEDEN ser como lo imaginamos y soñamos, estamos seguros de que somos capaces de lograrlo… pero fallamos en el último punto: pasar a la acción.

En ese punto, es donde podemos llegar a ser víctimas de nuestras expectativas. Y lo que es más delicado: puede ser en pequeñas cosas de todos los días. Porque nos imaginamos, visualizamos y creemos en una realidad que creamos con total nitidez, y a la cual sabemos que podemos acceder, con más o menos riesgos o dificultades. Podemos ser víctimas porque muchas veces, esa fantasía además de estar solamente en nuestra mente, depende 100% de nosotros… ¿y qué pasa si no pasamos a la acción? ¿qué pasa si ni siquiera la compartimos? seguirá dependiendo 100% de nosotros, exclusivamente, y lo que hagamos determinará que se cumpla o no.

Imaginate tener algo tan sencillo como un plan armado (en tu cabeza), donde cada personaje hace y dice lo que vos querés que haga y diga, y todo sale perfecto, tal como te lo imaginaste (porque está en tu cabeza, acordate). Ahora, imaginate que estás en la vida real, con esa persona o esas personas que estaban en tu plan… y mientras tu película corre en tu cabeza (donde está tu fantasía, con tus colores, tus tiempos, tu música) la realidad va por otro lado: las personas no hacen ni dicen lo que vos tenías en tu guión, ni los colores son los mismos, y en lugar de tu música tenés… un programa de noticias políticas…

Y la película sigue rodando en tu cabeza… y cada vez prestás más atención a las diferencias entre ella y la realidad. Pensás en la ingratitud de los demás, que no se dan cuenta de que no era “eso” lo que tenía que pasar en ese momento… sino lo que VOS te habías imaginado: vos estabas ahí para vivir tu película, no “eso”. Y te vas alejando del aquí y el ahora, te perdés la posibilidad de disfrutar la realidad que tenés disponible, e inclusive perdés la posibilidad de cambiarla y acercarla a tu película. Porque mientras te concentrás en las diferencias, en lo que no es, en lo que no te gusta y en lo que “salió mal”, vas a sentir más fuerte tu propia música, tus colores y tu guión, y te vas a sentir mal. Gana la frustración… y sos la principal víctima de tus propias expectativas. 

¿Se puede hacer algo para evitar esto? Claro que sí!

En primer lugar, no dejes de imaginarte lo que querés, de creerlo, y principalmente, de pasar a la acción.

Creá tu película, en pequeñas o grandes cosas. Si crees que no vas a poder hacerlo solo o sola, compartí tu guión con alguien de confianza, y tal vez con otro tengas más posibilidades de éxito.

Si depende 100% de vos, y no la compartís, o solamente das titulares, no esperes que los demás cumplan con tu guión, por una sencilla razón: los otros no son adivinos. Si realmente querés hacer realidad tu película, tenés que asumir toda la responsabilidad, hacerte cargo, darle la ambientación que querés, poner la música, y asumir tu papel como director, productor y actor, a la vez. Probablemente los demás se sumen a tu guión sin problemas, y vas a poder hacer tu película realidad. Tal vez tengas que hacer ajustes, o simplemente lo que logres sea mejor aún que lo que habías imaginado.

De lo contrario, es posible que tengas que asumir que tus expectativas son demasiado altas en lo que no depende de vos, o en lo que no te hacés responsable… o tal vez simplemente estás pidiendo peras al olmo… y eso no depende vos (así como el otro no es adivino, tampoco va a ser como vos querés que sea).

Lo cierto es, que tenemos que tener cuidado con nuestras expectativas en el momento en que se encuentran con la realidad. Evaluemos y pongamos las cosas en su lugar.

No se trata de bajar el nivel de nuestras expectativas para no ser sus víctimas. Se trata de hacernos cargo 100%, sabiendo que probablemente se cumplan en un 70… o 50%… sin sucumbir a la frustración de no tener nuestra película color de rosa.

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